Hubo un tiempo en el que estuve totalmente en contra del maltrato animal y el hecho de que el hombre metiera sus asquerosas y sucias manos en cualquier proceso natural e inmaculado. Tuvieron que pasar tres días para que odie a cada maldita raza que no sea la humana porque son todas unas hijas de puta que no ayudan en nada.
Pasé el fin de semana en Guanaqueros tratando de disfrutar con mis (ahora) ex-compañeros de curso en la mejor de las buena onda un par de días de relajo y distracción antes de la avalancha de despedidas, licenciaturas, llantos maracos y comidas fomes con la familia. No les miento, el domingo por la noche parecía cualquier cosa menos alguien en sus cabales porque estaba tan borracho que hasta bucié con unos lentes de agua en un lavamanos y pasé más o menos cinco minutos en los que traté de follarme un par de puertas y sillones.
Y después de tanta locura, cualquier persona lo único que querría sería dormir por el resto de la semana y tratar de capear con la mayor discreción la peor parte de la borrachera: La caña. No lo logré, en lo absoluto, ayer fui un zombie con todas sus letras y el dolor de cabeza era algo parecido a lo que debe sentir un niño de siete años recién violado en el culo. Eso sí, ni el malestar, ni el dolor de cabeza me detuvo al burlarme de todos y cada uno de los que fueron devorados completamente por zancudos por la noche, porque yo, adormecido como estaba, no tenía idea de si me habían atacado y la verdad es que lo dudaba bastante y me sentía como el Macho Alfa de la manada.
Como todo en la vida, el adormecimiento y la caña se me fueron y llegó el dolor: Picadas de zancudos por toda mi cara y las manos. Como si todo fuese un mal chiste, mi cuerpo confabuló con esos insectos de mierda y me tapó en espinillas al mismo tiempo en el que las putas ronchas en mis putas palmas de las manos me dejan apenas escribir esto. Picadas en las palmas de las manos, ¿Qué animal hijo de puta es capaz de hacer eso? Ahora parezco un maldito adicto a las metanfetaminas y la gente ya no me va a querer. Parezco un delincuente. Uno peor de lo que realmente soy. Y mi cara arde, ardo desde los antebrazos hasta las puntas de mis dedos, también llenas de ronchas, y toda mi puta cara, desde las orejas, dentro de las orejas, dentro de la nariz, mi frente, debajo de los ojos y todo el mentón.
Animales triplehijos de puta, me cago en las tetas de la virgen y en toda la creación por haber creado esta clase de insectos de mierda que no ayudan en nada a nadie. Creo que por poco no mueven el SIDA por toda la extensión de la Tierra. ¿Alguien sabe para qué sirve una avispa? Para nada. ¿Alguien sabe para qué sirve un bicho que le chupa la sangre a la gente de las palmas de las manos? Nadie. No pueden justificar eso. Bono no puede explicar por qué quiere salvar tanto a las ballenas y ningún ambientalista puede justificar la existencia de los zancudos.
Ayer por la noche era tanto el dolor que pensé incluso en autoeliminarme. Nunca había sentido una pena de amor tan profunda como estas putas picaduras superficiales. Lo peor de todo es que el viernes es mi licenciatura y mi foto va a inmortalizar para siempre lo mal que me dejaron los zancudos y lo feo que puedes llegar a ser con una docena de ronchas por toda la cara.
Después se preguntan por qué hay tantos jóvenes drogadictos en las zonas marginales: Los putos zancudos, se devoran sus pieles cochinas llenas de tierra y no queda otra que reventarse fumando pasta base para pasar el dolor. Dios se equivocó, y en grande.
Ahora odio a todos los animales y tengo un dolor de cabeza tan intenso que voy a ver si “accidentalmente” me caigo de la ducha para acabar con todo esto rápido. Me aburrí de vivir.